En medio de una crisis global del sector, Prada toma una jugada audaz y adquiere a su histórica rival para enfrentar a gigantes como LVMH y Kering.
El mundo de la moda de lujo acaba de presenciar uno de los movimientos empresariales más significativos de los últimos años: el Grupo Prada anunció la adquisición del 100% de Versace, la icónica casa de moda italiana fundada en 1978 por Gianni Versace, por un total de USD 1.375 millones.
La transacción, que se espera cerrar en la segunda mitad de 2025, aún está sujeta a la aprobación de los reguladores y fue acordada entre Prada y Capri Holdings, el conglomerado estadounidense que había comprado Versace en 2018 por USD 2.100 millones. La diferencia en el valor refleja el momento complicado que atraviesa el sector de la moda de lujo.
Versace en tiempos difíciles
Versace ha enfrentado pérdidas económicas sostenidas en los últimos años. La salida reciente de Donatella Versacecomo directora creativa y las dificultades financieras del grupo matriz han dejado a la firma en una posición vulnerable. Esta crisis se ha visto exacerbada por la volatilidad del mercado global, los altos costos de producción y el impacto de los aranceles comerciales introducidos por el expresidente Donald Trump, que elevaron el costo de las materias primas e incrementaron la incertidumbre en el sector.
Ante esta situación, Capri Holdings se vio forzada a vender, luego de fracasar en un intento previo de fusión valorada en USD 8.500 millones con Tapestry, propietaria de Coach, debido a objeciones regulatorias en Estados Unidos.
La apuesta estratégica de Prada
Pese al contexto adverso, Prada ha logrado capear la tormenta de la moda de lujo con mejores resultados financieros y una estrategia que ahora incluye la expansión mediante adquisiciones. El presidente y CEO del grupo, Patrizio Bertelli, destacó que esta operación representa una oportunidad única:
«Estamos preparados para escribir una nueva página en la historia de Versace, respetando su ADN creativo y cultural, mientras aprovechamos la fortaleza operativa e industrial de Prada».
La compra se realizará sobre una base «libre de efectivo y deudas», e incluye un importante valor atribuido a pérdidas fiscales que podrán ser utilizadas en ejercicios futuros. Prada financiará la operación con nueva deuda, después de haber tomado prestados más de USD 1.000 millones, según confirmó la empresa.
¿Qué sigue para Versace?
Versace mantendrá su identidad creativa, según lo declarado por Prada, pero se beneficiará del respaldo logístico, operativo y estratégico del grupo. Esto podría significar una nueva etapa de expansión más estable, en la que la marca busque recuperar la rentabilidad perdida.
Para Capri Holdings, en cambio, esta venta representa una reestructuración de su portafolio, centrado ahora en marcas como Michael Kors y Jimmy Choo, con la intención de potenciar su crecimiento a largo plazo en otros segmentos del mercado de lujo.
Un nuevo mapa de poder en la moda
Con esta adquisición, Prada se consolida como un contendiente directo frente a gigantes del lujo como LVMH (dueño de Louis Vuitton, Dior, Givenchy, entre otras) y Kering (propietario de Gucci y Balenciaga). Se estima que el nuevo grupo resultante de la fusión Prada–Versace alcanzará ingresos combinados de más de USD 6.600 millones, fortaleciendo su posición en un mercado que atraviesa una desaceleración, pero donde la consolidación se vuelve clave.
La compra de Versace por parte de Prada no solo es una operación financiera de alto perfil: es un mensaje al mundo de la moda. En tiempos de incertidumbre global, donde las marcas luchan por mantenerse relevantes, Prada apuesta a la integración como motor de crecimiento y resiliencia.
Esta adquisición podría marcar el inicio de una nueva era para la moda italiana, donde la tradición se fusiona con una estrategia empresarial moderna, adaptada a un mercado más exigente, digital y cambiante.